En un mundo que para Hilary y Alice
era paralelo, porque guardaba ciertas coincidencias con el real, My Chemical
Romance y 30 Seconds to Mars presentaron el primer show conjunto en la ciudad
donde las jóvenes vivían.
Al enterarse que las entradas
estaban a la venta, ellas fueron las primeras en la fila. Sufrían los típicos
trastornos de fans que están por ver a sus ídolos: gritos incontenibles,
saltitos repentinos, risas sin motivo y el corazón bombeando como loco.
Para ellas, eso que estaban por
vivir no podía ser más que un sueño. Ambas pasaron su adolescencia deseando
poder conocerlos, asistir a alguno de sus recitales, pero los años, la espera
interminable, y los nuevos proyectos se habían encargado de menguar esas
esperanzas.
Pero, finalmente, estaban ahí.
Enfrente de todos. Pegadas a las
vallas.
Gritando. Coreando todas las
canciones.
Riendo y llorando de vez en cuando.
Era simplemente perfecto aquel
momento. Las dos bandas juntas en la misma ciudad. Dando un concierto tan
esplendoroso y alocado que el público iba a recordar por el resto de sus días.
En determinado momento del show,
Jared Leto mira a todas aquellas personas que estaban apenas unos metros lejos
de él. Siempre le había impresionado el efecto que su música causaba en los
jóvenes. Se volvían locos, parecía que vivían un estado de éxtasis increíble.
Pero ese show, en donde compartía escenario con Gerard Way y su banda… Ese show
sí que era pura adrenalina, éxtasis, furor, pasión.
- ¡JAAAREEEED!- escucha el grito
desaforado de una chica. Por el volumen del grito seguramente se habría roto
todas las cuerdas vocales. Divertido, baja la mirada para encontrar la dueña de
las cuerdas vocales rotas. No era más que una chica que seguramente estaba
recién comenzando a disfrutar de sus dos décadas de vida. Tenía las mejillas
sonrojadas de tanto gritar y saltar. Su cabello estaba revuelto, dejando sus
bucles negros a la merced del viento. Y su busto… Estaba demasiado apretado
contra la valla. Demasiado a la vista. “Perfecta”, pensó el cantante antes de
continuar cantando.
- ¡No lo puedo creer!- grita Hilary
al oído de Alice, después de haber finalizado el concierto de 30 Seconds y
mientras esperaban a que los chicos de My Chem entraran en escena- ¡Jared me
miró! ¡ME MIRÓ!
- ¡Como para que no te vea con
semejante escote!- le contesta Alice, quien estaba más pendiente de lo que
pasaba en el escenario que lo que le decía su amiga.
- ¡Tampoco es para tanto! Quería
cortar un poco más la remera, pero pensé que quizás…-comienza con la
explicación Hil.
-¡SHHH! ¡AHÍ ESTÁN!- le grita
señalando a los chicos de MCR.
Gerard nota que, haciendo tributo a
su último CD, Killjoys, todos sus
fans vestían con pañuelos de colores, antifaces y muñequeras. No como años
atrás donde su público podía definirse como una masa de ropas y maquillaje
negro y rojo.
Comienzan a cantar. Tal como le
había comentado Shannon Leto entre jadeos, el público había enloquecido de la
emoción. Todo explotó al momento de cantar Welcome
to the Black Parade, el “himno” elegido de entre todos sus discos. Todos,
absolutamente todos aquellos que se consideraban fans, hicieron un saludo
extremadamente raro con las primeras notas de piano de la canción. Un saludo
militar, mano al corazón, cabeza abajo y luego un beso.
Muy cerca del escenario, una
muchacha, al levantar la vista, deja descubierto un rostro manchado de
delineador. Estaba llorando. Pero le estaba regalando la sonrisa más sincera que
hubiera visto en mucho tiempo. Una sonrisa de gratitud. La chica tenía el pelo
un poco corto, alborotado, parecía melena de león. Y al momento del beso, se
dio cuenta que tenía unos labios perfectos, tan gruesos como le gustaban.
“Irresistible”, pensó antes de comenzar con la primera estrofa.
- Boluda, ¿estás bien? ¿Qué te
pasa?- le preguntaba Hil a su amiga tomándola por los hombros y sacudiéndola.
Desde que My Chemical había terminado de tocar, un ataque de risa se había
apoderado de Alice.
- ¡No podría estar mejor!- comenta
ella entre risas, secándose las lágrimas- ¡No sos la única a la que miran,
querida!
Como era costumbre, a las horas de
haber finalizado el show, las bandas salen a firmar autógrafos, a sacarse fotos
y demás. Fuera los esperaba una multitud de chicas y chicos. Como siempre, los
líderes de las bandas, Jared y Gerard, eran los más solicitados por los fans,
algo que sus hermanos, Shannon y Mikey, respectivamente, ya estaban
acostumbrados. Pero esa tarde, Leto mayor y Way menor se llevan una sorpresa.
De la nada, aparecen dos chicas que
habían logrado pasar junto a los guardaespaldas. La que parecía la más grande
de las dos se acerca a Shannon, para pedirle una foto y comentarle lo bien que
había tocado esa noche, una charla con caricias y miraditas insinuantes de por
medio. El baterista no pudo con tanta belleza femenina, por lo que, obviando la
presencia de otras tantos fans, sólo se queda hablando con ella.
Por otra parte, a Mikey lo sorprende
un abrazo sorpresa desde atrás. Cuando se da vuelta para ver el rostro de su
captor, se encuentra con una chica que con suerte le llegaba a los hombros, y
que le sonreía de una manera súper conmovedora. Al igual que el baterista, Mike
cae en los efectos de la muchacha.
- Hil, ¡no podés rechazar esta
propuesta que te hago! Jamás en mi vida le propuse a ninguna fan venir a la
fiesta que hacemos después de cada concierto, pero quiero que vos vayas…- le
suplicaba Shannon a la joven.
Ella, por más sorprendente que le
pareciera, estaba indecisa. No sabía qué podría pasar en esa fiesta de la que
hablaba Shannon. Si bien siempre había querido estar en una situación así con
sus ídolos, ahora que tenía a uno de ellos frente a frente, se daba cuenta de
la realidad que siempre pasó por alto: que eran mucho mayores que ella, y que
podrían ser tranquilamente alguno de sus tíos, cuando no su padre. Y que en
realidad no conocían nada de ellos.
- Alice, ¡por favor! Te juro que no
te va a pasar nada malo. Es más, me voy a quedar sobrio toda la noche si eso te
tranquiliza. ¡Pero, por favor, acompañanos a la fiesta!- insistía Mike por su
parte.
- Me tranquilizaría mucho, pero…
Tengo que consultarlo con Hil…- y dándole un rápido beso en la mejilla, se
aleja.
- Nos invitaron a las dos, yo digo
que vayamos- decía Alice.
Las dos se habían apartado de la
mirada de los músicos para poder conversar tranquilas y lo más fríamente
posible. Aunque, claro que era imposible. Eran nada más y nada menos sus ídolos
quienes las habían invitado a participar de una fiesta súper exclusiva. Y
pensar que si hubiesen tenido unos cinco años menos no se lo hubiesen pensado;
simplemente hubiesen dicho que sí.
- Sí, yo igual quiero ir, pero… No
sé, todavía estoy algo shockeada de la emoción- le contestó Hilary.
- Bueno, entonces, ¿les decimos que
sí?- la chica ya casi que no podía aguantar su sonrisa.
- Sí, sí, vamos- pero en cuanto
comenzaron a caminar devuelta al lugar donde estaban Shannon y Mikey, Hil se
detiene y le toma el brazo a su amiga- ¡Pero a una fiesta de ellos no podemos
ir así vestidas!
- Por eso no se preocupen- las calmó
Shannon Leto- Seguramente Emma, nuestra representante, tiene algo para darles.
- Y Alicia me dejó toda la ropa que
le había regalado, así que también cuentan con eso- añadió Mike, mirando
insistente a las dos muchachas.
Ambas se miraron y sonrieron antes
de subir a la camioneta del baterista.
Eso parecía sacado de un cuento de
hadas. Bueno, un cuento de hadas bastante moderno, en donde los príncipes
azules estaban llenos de perforaciones y tatuajes, y daba conciertos y luego
hacían fiestas alocadas, y las princesas en vez de zapatos de cristal usaban
zapatillas y tenían el cabello revuelto.