Ya en la medianoche, Avie y Hilary no tenían ganas de dormir, mientras que Alice les pedía que bajaran el volumen de la música. Lógicamente, las otras dos se negaban a hacerle caso, diciéndole que mañana dormirían toda la mañana hasta el mediodía, y que dejara de comportarse como una vieja.
- Me voy a dar un paseo, ya vengo…- termina diciéndoles Alice, quien se pone una bata sobre el pijama y unas pantuflas.
Sale del cuarto y comienza a recorrer los pasillos, imaginándose que en cualquier esquina que doblara podría aparecer un zombie, como hacía desde que era chica. Todo estaba casi oscuro, cosa que le daba un poco más de misterio al hotel y le recordaba a esos viejos libros de vampiros suyos que tenía en su casa. Entonces comienza a tararear la nana que aparece impresa en ellos, hasta que…
- Gerard- se sorprende al verlo parado junto a un ventanal abierto, fumando un cigarro.
Éste la mira sorprendido al principio, pero luego de reconocerla le dedica una mirada de pocos amigos.
- ¿También venís a fumar o qué?- le pregunta secamente.
- No, no, yo no fumo- responde ella un poco atropelladamente-. Vine para despejarme y evitar putear a mis compañeras de cuarto, sólo eso…
- ¿Discusiones de chicas?- pregunta poco interesado. Alice se emboba viéndolo darle la última calada al cigarrillo y apagándolo en una maseta.
- Am… No precisamente… Es que me creen una vieja amargada, sólo eso… Quizás tengan razón.
- Frank dice que es así…- comenta Gerard, totalmente serio y mirándola a los ojos.
- Yo… Yo estaba borracha, Gee, pero no lo suficiente como para acostarme con él…- dice Alice como disculpándose, quién sabe por qué. De repente se sentía muy apenada, como si de verdad tuviera que rendirle cuentas al mismísimo Gerard Way de sus aventuras.
- No deberías por qué sentirte tan mal por algo así. Para serte franco, cuando el enano anda con algunas copas de más suele ser un pervertido caprichoso. Claro que para una grupie eso es algo desconocido, pero ya lo sabés… ¿Alice, verdad?
- Sí, me llamo Alice… Pero no soy una grupie, Gerard… Si bien me parecen… Lindos- suelta Al sonrojándose levemente- No sólo los sigo por eso, digo… Amo su música, conocerlos en parte me salvó la vida. Luego me gustó su forma de ser, su físico. Primero fue la música quien me enamoró.
- Una amante de la música que se convirtió en grupie, entonces- concluyó Gerard.
- Afff… Pensá lo que quieras, Gee.- dice ella resignándose y sentándose en una silla junto a la ventana, dejando que su bata se le resbalara por los hombros, dejando así descubierto sus hombros y el escote del pijama- ¿Puedo pedirte algo?- pregunta sin darle importancia a la mirada boba que su cantante favorito tenía.
- ¿Eh? Sí, sí…- dice él apartando la vista del escote de Alice. “Es una arpía. Cuando las mujeres se van a dormir no andan con esos corpiños que hace que sus atributos tengan un aspecto tan provocativo”, piensa Gerard.
- ¿Podrías hacerme unos masajes en los hombros? Es que dormir en el avión me dejó toda contracturada…- su voz sonaba inocente, pero era más que claro que tenía ganas de otra cosa.
Y esa mirada de niña tierna. “Gerard Arthur Way Lee… No seas estúpido, hombre…” Pero no pudo resistirse a esa miradita, tampoco quería hacerlo. Hacía mucho que algo emocionante no pasaba en su vida.
- Claro…
- Gracias, Gee.- dice ella, y se corre el pelo de la espalda para que Way mayor pudiera mimarla un rato.
Gerard sabía que Alice le hablaba, pero no le prestaba atención, respondía como si fuera un robot mientras recorría con sus dedos sus hombros… No tendría que haber estado tomando cerveza con Frankie, ahora el alcohol se le estaba subiendo a la cabeza. Sin pensarlo, comenzó a morder su perfumado cuello, primero despacio, luego más fuerte, pero sin llegar a lastimarla de verdad. Después la puso frente a él. Ella reía de una forma perversa. Sí, sí, se había dejado caer en la trampa de esa mocosa, ¿y qué? Él también quería hacer de las suyas.
Entonces besó sus labios y dejó que Alice lo sedujera…