viernes, 6 de enero de 2012

Capitulo 50

(WOOOOW, CINCUENTA CAPÍTULOS… ¡HAY QUE CELEBRARLO!)

Alice había llegado a Madrid a eso de las doce del mediodía, había bajado y buscado su equipaje. Por suerte no había nadie conocido en el aeropuerto, pensaba mientras recorría con la mirada el patio de comidas, donde se había sentado para tomar algo mientras esperaba que se hiciera la hora para volver a subir a un avión que la llevaría de regreso a su país. Una hora, todavía faltaba una maldita hora para poder salir volando se ese continente.

- “I am not afraid to keep aliving, I am not afraid to walk this word alone…”- canturreaba la chica entre sorbo y sorbo de cappuccino- Gerard es un idiota. Claro que tiene miedo de estar solo en el mundo, sino no se hubiese fijado en mí el muy…

- ¿Puedo usar esta silla?- la interrumpe un muchacho de pelo castaño, ojos risueños y una boca perfecta para besar. Tenía un estilo raro, nada que ver con los típicos ingleses o estadounidenses; quizás fuese por su cara algo aniñada todavía… Tenía pinta de artista. Tenía una cara que le sonaba bastante.

- Sí, sí, claro…- y mirándolo con detenimiento mientras se retiraba con la silla para sentarse con otro tipo, le pregunta:- Perdón, quizás suene raro, pero… ¿Te conozco de algún lado?

El chico se da vuelta y le dedica media sonrisa, deja la silla en el suelo y se le acerca.

- Bueno, no esperaba que nadie me reconociera… Supongo que escuchaste Panic! At the Disco en algún momento de tu vida, ¿no?- y la mira con detenimiento con esos enormes ojos oscuros.

- Tenés que estar jodiéndome…- y Alice se atraganta con su cappuccino de la sorpresa. El mismísimo Brendon Urie estaba sentándose en la misma mesa que ella.

- Spencer, esperame un rato, ya voy…-le dice al tipo en la otra mesa, quien estaba haciendo cosas en su notebook. Brendon se sienta junto a Alice y se ríe por su cara de sorpresa- Bueno, supongo que no todos los días te encontrás a un músico medianamente famoso, ¿eh?

Entonces Alice se hecha a reír con ganas y lágrimas de recuerdos comienzan a llenarle los ojos, pero se las seca disimuladamente.

- Si supieras, si supieras…-toma algo de cappuccino para aclararse la garganta- La verdad es que estoy cansada de los músicos, sin ánimos de echarte u ofenderte, Brendon.

- Parece que de verdad tuviste mucho con músicos, ¿eh? ¿Los conozco?-pregunta él muy interesado, regalándole una sonrisa.

- Es una larga historia, y la verdad que no tengo ganas de hablar de él…

- Ajá, ¿así que alguien te rompió el corazón?- y adelanta el labio inferior, poniendo una cara irresistiblemente tierna de cachorrito.

- Shii… Pero, bueno, eso ya no importa porque ya me estoy volviendo a casa para seguir con una vida tranquila, libre de cantantes, guitarristas…

- De verdad que te jodió el chabón… A propósito, ¿cómo te llamás?- y la mira a los ojos con curiosidad.

- Alice, sólo Alice.- responde tímidamente la chica.

- Un placer, sólo Alice.- y le da la mano, haciéndole una exagerada reverencia que logra sacarle una sonrisa a la chica.

Y así pasaron media hora charlando sobre Panic!, sobre viajes que querían realizar, otras bandas y cosas así. Parecía que se caían bien, los dos eran tranquilos, pero con la diferencia que él era como el positivista y ella la pesimista. “Si no fuera porque no quiero nada más con músicos, me gustaría conocerlo más… Quizás lleguemos a ser algo…”, se decía Alice. Entonces, comienza a recordar que un avión para Argentina la estaba esperando. Mira el reloj de su celular.

- Me tengo que ir…-le dice la chica levantándose y tomando su maleta con apuro.

- ¿Adónde?- pregunta Brendon, levantándose también.

- No vine al aeropuerto a tomar un café y encontrarme gente famosa, nada más…

- Oh, verdad…- y se sonroja un poco- Bueno, dejame acompañarte.

- Como gustes…

Y los dos salen para la zona de embarques. Quedaban cinco minutos para que el avión despegara. Con algo de tristeza, Alice se despide de Brendon; éste le pasa su correo para mantenerse en contacto y la despide con un beso en la mejilla, con la promesa de que algún día la iba a invitar a tomar un café en Dublín, a sabiendas que esa ciudad era la que Alice ansiaba conocer.

La chica ya iba caminando por el pasillo que llevaba a los pasajeros hasta el avión, cuando escucha que alguien se acercaba corriendo tras ella. Se da la vuelta, alcanza a ver una sombra y siente los labios de alguien sobre los suyos. Cuando termina de besarla, abre los ojos y lo ve a Gee, radiante de alegría.