Esa misma tarde, Alice recibe un mensaje de Brendon pidiéndole que se encontraran en una heladería que quedaba a unas cuadras del hotel donde se alojaban todos. Emocionada, Al busca a sus amigas para contarles, pero no encontró a ninguna por los vestíbulos. Avie, creía, aún estaba tratando de recompensar a Avril por lo que había hecho; y Hilary debía andar boludeando con su novio.
- Y después se quejan que una se enconcha y bla bla bla…-dijo mientras volvía al cuarto y se acostaba en la cama, tratando de no perder la calma. Pero su paz dura poco, porque a los pocos minutos de haberse acostado en la cama, alguien llama a la puerta.
- ¿Alice?- pregunta una voz masculina, y la puerta se abre. La cabeza de Gerard se asoma por la abertura. Parecía que estaba recién salido de la ducha porque tenía el pelo húmedo y olía a jabón y perfume, y la remera se le pegaba al cuerpo. Sí, se notaba que se había duchado y secado a las apuradas.
- ¿Te puedo ayudar en algo?- le pregunta ella sentándose y acomodándose el pelo.
- Me dijiste que viniera a hablar con vos cuando estuviera sobrio, ¿no?- le dice Gee entrando en el cuarto y cerrando la puerta tras de sí.
- Ah, sí, sí…- Alice se ruboriza un poco al darse cuenta que había olvidado lo pasado con Gerard.- Creo que tenemos que aclarar las cosas, Gerard…
- Sí, sí, antes de que las cosas con ese Brendon pasen a mayores.
- ¿Cómo sabés de él?- le preguntó Al interesada, haciéndole un lugar para que se sentara junto a ella.
- Bueno, digamos que tengo mis informantes…-dijo él haciéndose el misterioso, dedicándole media sonrisa. Mierda, era muy lindo y encantador, pero debajo de esos finos labios y esos ojos marrones verdosos se escondía un tipo destruido por el divorcio, que aún no superaba no poder estar todo el tiempo con su hija.
- Entonces… Nada más quería dejar en claro, por si tenías alguna duda, que ya no somos nada. Ahora estoy viendo qué pasa con Brendon, pero no somos nada oficial aún.- le dijo de un saque la chica, pensando que así las cosas dolían menos y se solucionaban antes.
- Okey… Como quieras. Después no me vengas llorando con que querés volver, Alice; eso es algo que no soporto.- le pide Gerard levantándose y abriendo la puerta.
- No te preocupes por eso, Arthur. No pienso andar rogándole a nadie por amor. Ya cambié.
- Esa Hilary te enseñó bien, ¿eh?-Alice sonrió un poco- Cuando gustes… Nos vemos y jugamos a la play un rato o vamos a tomar algo con los chicos… Por los viejos tiempos.
- Por los viejos tiempos, sí… Gracias por entender, Gee.
Entonces el cantante sale del cuarto. La cosa había ido mucho mejor de lo esperado según Alice: por lo menos no se habían puesto a gritar ni habían terminado en la cama los dos. Al parecer algo había madurado esos días. No querían que la tomaran por una puta, pero tampoco pensaba dejarse llevar por lo que un hombre diga. Ya no iba a ser una princesita complaciente.
- Así que ya aclararon las cosas con Way…- comentó Brend luego de darle un sorbo a su batido helado.
- Así es… Ya no tengo que andar preocupándome por malentendidos, problemas sentimentales, nada. Sólo por disfrutar este viaje y divertirme con mis amigas.- dijo ella completamente feliz, tomando un poco más de su helado de vainilla.
- Oh… Bueno, me alegro por vos, Al, de verdad…- le dedica una sonrisa medio caída y desvía la vista hacia afuera del local, donde los autos pasaban y las personas parecían ir en su propio mundo.
Desde que se encontraron Alice había notado al chico un poco más distraído de lo habitual, y mucho más inquieto. Bastaba decir que ese era el segundo batido que compraba, porque el anterior se le había caído de las manos al escucharla cantar un fragmento de The Ballad of the Mona Lisa, a los diez minutos de haberse sentado en una mesita del fondo.
- ¿Qué te pasa, Brend?-le pregunta ella, viendo que estaba demasiado pensativo.
- Nada, nada… Estoy bien, ¿por?- y la mira a los ojos tratando de hacerle creer que estaba tranquilo, pero de hacía rato que jugaba con la bombilla del batido y la caja de servilletas.
- Sabés que podés decirme cualquier cosa, para algo están los amigos, ¿verdad?- y ella le toma una mano.
- Ese es el problema… Lo de anoche no lo podemos dejar como cosa de amigos, Alice. Por lo menos yo no puedo, tampoco quiero- le toma la mano con más fuerza y le sonríe tiernamente-. Pero ahora que me decís que no querés saber nada de chicos, que…No estás dispuesta a salir con nadie más…
- Te rompe el alma.- concluye ella, tomándole con más fuerza la mano.
- Por favor, Al, vení conmigo a recorrer el mundo. Prometo no aburrirte con cosas de músicos ni nada de eso; yo no soy como Gerard, yo me puedo dar un tiempo para las personas que de verdad me importan.- y esos ojos de cervatillo la miraban intensamente de forma suplicante. ¿Cómo alguien podía resistírsele? ¿Cómo alguien podía negarse a la ternura de sus palabras y sus sentimientos tan puros?
- Brend, yo…-tenía que evitar ser embrujada por su mirada- Brend, no puedo dejar a mis amigas.
- Pero… Las podés ver en cualquier momento que quieras, vos nada más tenés que decírmelo y te llevo con ellas.
- De verdad que me complace todo lo que me decís, sos muy tierno y dulce…- Alice alza una mano y acaricia una mejilla perfectamente afeitada- No me pidas que me aleje de ellas. Son como mis hermanas.
- ¿Eso es un no? ¿No querés estar conmigo, ser mi novia?- pregunta desesperanzado el chico, dejando que sus labios caigan, haciéndolo quedar como un niño a quien quitaron lo que más quería.
- Claro que quiero, Brend. Sos muy sensible, dulce, gracioso… Pero creo que necesito un tiempo para… Pensar.
- O sea que mejor me olvido de vos ahora, ¿no?- le dice él corriendo la cara, para que no pudiera ver las lágrimas que asomaban por sus ojos.
- No, no quiero que me olvides porque yo no te voy a olvidar… Nada más dame un tiempo para poder aclarar mis ideas. Sólo eso te pido. Por favor…- entonces es ella quien lo mira entristecida y de forma suplicante.
-Está bien, Alice del País de las Maravillas- entonces Brendon le toma la mano con fuerza-. Dentro de tres días me voy de Inglaterra. Por favor, decime antes de que me vaya qué es lo que pretendés hacer con este pobre y enamorado corazón.- y le hace una reverencia antes de marcharse de la heladería.
Ella sonríe mientras lo ve alejarse, termina su helado y vuelve al hotel. Al parecer estaba por nevar.